Vamos, vamos, tú puedes...
Ya nadie se detiene, yo corro detrás de ellos;
no quiero quedar atrás, entonces corro más fuerte.
Me suman con empujones a la muchedumbre, y sin saber adónde vamos, pero la intensidad de la corrida hace que eso no importe.
No sé, no lo entiendo como pude hacerme a un costado y en un acto de rebeldía me quedé sentado. Y Todos cuando pasaban me gritaban: "...Tú puedes...No te detengas..."; y agitaban sus manos, para que me uniera a la horda.
Sus gestos y gritos de : "Vamos, vamos", aumentaba, a medida que iban cayendo...


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