La pena que habló

Todos hemos tenido en la boca
una pena que no se dejó escuchar.
Antes de ser lágrima,
se atragantó en la voz.

Pero el tango llegó
para darle a esa pena una voz,
abriendo y cerrando los fuelles
del viejo bandoneón.

Así la pena al corazón no mató.
Gracias al tango el corazón revivió
Y lo hizo cantando y bailando,
sin olvidar la pena que fue.

Al fin habló y la pena que era muda,
sino canto, bailó.
Y transformó el llanto,
en una sonrisa calma que se posó
en el rostro duro que se ablandó,
y gracias al tango todo continuó.

Aquella pena que gracias al tango
se bailó o se cantó, y felizmente,
no fue ni herrumbre ni sal...

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