Cruz de Ferro
Cadencias de un paso que pisa el silencio, sobre una voz que repite con su campanilleo, cada detalle de mi vida, de la pasada y la que vendrá. Vuelve y vuelve esa voz que dice ser mi yo. Ese yo, en maridaje de una imagen de mí mismo, y una piña de sensaciones; y a esa pobre sensación le llamo yo, la mismo que me habla con su campanilleo...y que a veces se viste de menesteroso, con sus andrajos de pánico. Otras veces se viste de presuntuoso, con ropas brillantes. El primero me convence que nada se puede, en cambio el segundo me llena de euforia y me hace creer un mundo a mis pies. Pues es un baile de dos poderosos mentirosos que me bailotean entre sus dos falsas posturas. Pues no escucho al temeroso mas bien lo convierto en precavido. No escucho al eufórico, mas bien lo convierto en agradecido. Así campanea mi voz sobre cada paso en el camino milenario, escucho sólo la del presente que no tiene pánico y sí precaución; y aquella que no tiene euforia y sí agradecimiento. Escucho sólo esa voz del presente que atiende cada piedra pisada, cada centímetro ganado, donde no hay pasado ni futuro, sólo presente puro, en cuyo fondo se va tejiendo una luz, que al principio no me miró pero cuando lo hizo me volteó...para que recomience otra vez. con más fuerza y otra finura que la primera vez...


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