El Miedo
Sólo me queda el miedo a pasar, por aquella puerta que el poeta delirante supo describir. Creo superarlo cuando aparece nuevamente por otro lugar, inesperado, sorpresivo, aquel temor primigenio del hombre de Neardental.
El sendero no es firme y la puerta se aleja. Abajo el odio y la sed de venganza me llaman para cobrarme de deudas sin saldar. Pero el perdón me rescata de una caída infinita.
También, por allí agazapados, esperan tirarme hacia el vacío, la desesperanza y la holgazanería, el encerramiento y la soledad. Pero la fuerza del imán que me atrae por llegar me salva de un pantano lento e impredecible.
Pero el mayor de todas las dificultades es el temor, pues es invisible, e incontenible en ninguna caja susceptible de tirar.
No es concreto es aéreo.
En toda aventura está y le da a la experiencia el sabor, como si lo sintiésemos por primera vez. Tiene esa extraña habilidad de sentirse de manera intensa y de olvido rápido. Es como si lo sintiésemos siempre por primera vez. Es por ello que nos atrapa siempre con su habilidad. Nos niega construir la destreza para poder usar la experiencia anterior. Sólo podemos recordar algunas de sus consecuencia inmediatas, como por ejemplo puntadas en nuestro cuerpo por aquí y por allá, como dardos de un escorpión cuyo veneno paraliza la víctima.
El miedo es presente puro, por eso me fascinan las aventuras. Aunque todavía sigo sin experimentar el Cruzar aquella puerta que el poeta describió...
Lo haré algún día cuando ya no tenga nada que temer. Cuando algún "Otro" me tire su mano para poder hacerlo con Fe,


Comentarios
Publicar un comentario