!!!A vivir, entonces¡¡¡
El miedo nos detiene, la fe nos moviliza
El primero, nos deja sin horizontes, el segundo nos abre otros nuevos.
Aquel nos deja triste, en cambio ella nos alegra.
El miedo nos aleja de los demás; en cambio, la fe, nos guía al encuentro con los otros.
El miedo nos hace trazar y recorrer mil caminos inútiles.
La fe nos lleva directo a la meta por el
camino más simple.
Aquél que nos hace pensar solo en el momento de la llegada, es el mismo que nos saca del presente y no nos deja disfrutarlo.
Pero el que se olvida de lo qué se sentirá cuando se llega, se sumerge en el Universo del instante, restando importancia al momento final de ese camino.
La fe nos mueve, nos acerca, nos alegra, nos simplifica el camino, nos hace disfrutar del presente, y cualquier inconveniente lo convierte en una oportunidad desafiante.
Por ello es de sabios conocer cómo transformar el miedo en fe, porque ambos son de la misma naturaleza emocional, pero de signo y de ubicación diferente.
La primera con su carga positiva atrae hacia sí misma todas las cargas negativas circundantes, y logra restablecer el necesario equilibrio.
El miedo es tensión centrífuga hacia los límites; la fe es distensión centrípeta, hacia el centro.
Mientras la primera nos aprieta contra las paredes del tórax, entrecortando la respiración; la segunda nos expande vaciando del pecho cualquier inquietud.
Para ello es necesario compenetrarse en la expiración y vaciar por completo la esfera transparente, de cualquier resto de toxicidad, donde pudiesen seguir navegando naves fantasmas.
Desde ahí se mira con tranquilidad el suave paso del tiempo.
Así, cuando el miedo abdica su trono, se deja atrás un imperio lleno de heridas y desencuentros. Cuando comienza el reinado de la Fe, se comienza a sentir que una esfera vacía comienza llenarse con otro oxígeno, y otro impulso.
Su fuerza de gravedad detiene el flujo de miles de imágenes en los ojos, abiertos o cerrados, que nos arrastran a la desazón y a la ansiedad turbadora. Hasta parece que nos viésemos de afuera, como un alma separada del cuerpo.
Por detrás del esternón se va prendiendo una luz, acompañada de una laxa sonrisa.
Desde ahí, parece ser todo posible.
Porque ahí se siente el milagro de la vida, cuando a cada momento nuestros pulmones se llenan del aire que va a nutrir cada una de nuestras células.
¡¡¡¡A vivir entonces!!!!


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