Un "Otro" inmanente
Es un lugar no sentido. Toco sus paredes, las que creo que están allí y mis manos pasan de largo para atravesar el vacío. Es una corona transparente que contiene todas las incógnitas y todos los secretos. Es como la concavidad de una enorme mano abierta y con sus dedos pegados. No hay gravedad. Todo podría flotar y nada caería por el intersticio de sus dedos.
Corona que no está en cualquier lado. Se asienta lentamente, como descienden las naves, sobre la zona más alta de mi cabeza. Dentro de ella no hay sensaciones, ni luces, ni gravedad. Es una sensación parecida a lo que podría ser estar flotando...
Adentro de ese vacío cristalino como un gran ojo, dominado por lo esférico, se está como lo estarían los embriones en crecimiento, en la espera de nacer.
Y en esa nada se percibe la delicada sensación del chisporroteo de una tenue cascada, por detrás de mis ojos, los que no pueden percibir lo Inefable; que tampoco puede reconstruir mi imaginación con los datos atiborrados en la memoria.
Y viendo mis ojos con otros ojos, los de mi conciencia, comienzo a sentir una mirada desapegada de las cosas, de las circunstancias, hasta del tiempo. Sí, porque es una mirada en el punto fijo y más alto del péndulo. Es una mirada neutra y feliz, que agradece lo bueno, de un extremo; y perdona lo malo, en el lado opuesto.
Todo va sucediendo, y a pesar de ello la mirada permanece desde un "Otro" inmanente.


Comentarios
Publicar un comentario