Al fin presiento
Al fin, presiento la muerte del Yo pequeño...
con sus grandezas que no son,
que sólo parecen.
Con sus idas y venidas
y sus flaquezas.
Con su extrañeza.
Presiento, ahora, un nacimiento inimaginable.
De un NO-YO adentro
que transforma los mares de izbergs azules,
en eternas y cálidas praderas;
como todas las manos,
como las sonrisas de las gentes
en los encuentros de miradas conectadas,
las que un instante son un "siempre"...


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