Instante eterno de milonga de H.J Ibarra
La humedad besa los adoquines,
y cada golpe de taco los seca
La humedad resbala caprichosa,
pero las suelas encuentran freno en la cintura
de una mujer resuelta a no dejarlo ir jamás.
Las rodillas tiernas se doblan como un mimbre,
en dura concentración de un cuello que sostiene un mentón compadrito, que sólo sabe que la quiere para siempre
Él se une a la humedad del patio con el brillo de su gomina.
Así bailan ausentes, abstraídos, con ojos que no miran sino que escuchan los fuelles que respiran la música eterna de esquinas y faroles
Así, tan serios como el tiempo único que los acoge...bailan y bailan.


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