Salvemos la memoria
Salvemos la memoria con en el cincel del instante. Aquel que se descubre que cada una de las acciones, las que se miden en tres dimensiones.
Si las medimos con la paciencia de un joyero descubriremos una cuarta dimensión gloriosa.
La puerta que abriremos es estrecha al comienzo, pero infinita una vez adentro.
Allí descubrí el futuro llenos de hojas verdes de un árbol frondoso.
Allí fuí depositando cada experiencia en la bóveda azul de la memoria, que se fue llenando de estrellas.
Allí, por fin me siento completo y mis manos aspiran a dar sin mezquindad, como lo hace el buen samaritano.
Allí cada cajón del inmenso fichero se presta obediente a cada necesidad del más próximo.
Alli descubro que el árbol no termina sólo en mí, sino que se amplia en el corazón de cada ser viviente.


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