Una luz que condensa toda la belleza del mundo


Ahora imagino como una luz que condensa toda la belleza del mundo, pero que no es el mundo; es decir, no es la sumatoria de objetos posibles que interrelacionados hacen una belleza.
Aquella luz no es una cosa, sino que es un ser, cuya virtud es la de acompañar; por tanto, esa luz jamás podría despertar temor en alguien, por su inmensidad o por su indefinición como cosa. Si despierta temor es porque la atención solo se ha detenido en sus aspectos físicos, que al ser perceptible los tiene. El temor desaparece si se va más allá y se descubren otros aspectos. En ella se puede advertir cosas tales como la paz, el amor, la compañía desinteresada que da total libertad. O que ama mirarte y acompañarte…
No hay belleza tal en el mundo. En las grandes y famosas galerías y museos de artes hay total ausencia de ella, porque no está ahí, a pesar de la inclaudicable intención de los hacedores de tales obras, de acercarse a ella a través de su arte.
Despertar a la presencia de esa luz, no es simplemente verla como un fenómeno físico, es sentirla como la presencia de ¨alguien¨. Que está tan lejos y a la vez tan cerca.
Y en ese despertar cae lentamente el valor de las cosas o del mundo. El que fuera un impedimento para ese despertar.

Villa Santa Cruz del Lago, 22/04/19

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