Esfera que encaja

Sumirse, subsumirse.
La pared de hielo y su derrumbe.
El río y su corriente se abren paso
por el valle.
El Sístole y el díastole le abren paso a la sangre
por mis venas.
El murmullo nace con el golpe,
la piedra se le opone, cuando sucede.
Soy un fragmento que empieza a soñar
con el todo una vez que se ha roto.
Pero, sí, pero si soy como el barco que navega,
no soy fragmento, soy un todo unido a la corriente que también navega.
Soy una piedra que cae,
y al caer sé que no estoy roto.
Soy la parte aquella que se mira en el vasto escenario donde cae.
Me muevo suspendido porque soy
fondo y figura.
Caigo pero en realidad
no lo hago, es todo un juego.
Es tiempo subsumido, ni el esperado, ni el ya transitado. Es simplemente hoy.
Atiendo a la esfera del instante que no necesita
saber lo que será mañana. Tampoco le interesa lo que fue ayer.
Así me siento esfera de tiempo constante
que anda, rebota o encaja.
Encaja en sí misma con los infinitos instantes que la nutren.
Así rebotar o encajar son parte del inmenso juego.

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