La belleza eterna e interior
Reniego de la hipnosis que me producen las formas que me dejan ahí, tieso y paralizado, fuera de la corriente vital de todas las formas. Prefiero la fealdad unida a una chispeante sonrisa de una afable mirada, que con su mano te invita a seguir, caminando por el redondo interminable, que gira y gira bajo nuestros pies. ¿Será que nosotros lo hacemos girar al caminar? Qué loco pensamiento, pero que lindo pensarlo para escapar de las reglas que nos imponen qué es lindo y qué no.
Reniego en detenerme ante la belleza expuesta que me somete a ser un espectador domesticado, que sólo repite un camino ya transitado.
Agradezco cuando la belleza expuesta me invita a seguir en la búsqueda y encontrar en ella la perfección invisible, la belleza inatrapable, la que no estaba afuera, la que encontré alli, bien adentro...
La belleza del alma, la que en las Obras de Arte sólo podemos admirar la belleza de un instante.


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