Un quiebre

La esfera añade: su luz deja de irradiarse sobre las irregulares esquinas de la vida,  en las que la muerte parece acrecentarse al girar infinitamente. Pero retrocede hacia sí misma y se retrotrae descubriendo la luz de su centro. Las irregulares aristas van desapareciendo a medida que se acerca gloriosa a su fuente. La esfera sigue rebotando o encajando en su mundo pero ya sabe por su viaje que todo lo bueno no lo sostiene su entorno. Es sólo quebrar la dirección hacia afuera y torcerla hacia adentro. Ahí produce nuevos nacimientos.

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