Dios, te presiento

En ese yo que lo quiere
todo para sí mismo
y lo quiere para siempre,
sin que medie una espera...

En ese yo que te asfixia
alma Mía, a veces respiras
y me sacas hacia horizontes
verdaderos, donde presiento
ver a Dios que es verlo todo,
y sentirlo sin que se pierda
en los instantes vacilantes...

En ese Yo y por detrás de él,
aparece el presentimiento
de que Existes Dios mío,
para cobijarme para siempre,
en tu infinita sabiduría,
en tu inmensa bondad,
en tu inextigible fuerza.

Somos un receptáculo
de operaciones magistrales,
a veces arrastrados en caída libre,
o en cascada, pero con el freno
de su atracción permanente
que nos guía inexorable
a su Presencia.

En ese receptáculo maravilloso
lucho contra vientos furtivos,
que me apartan del camino,
pero esta fuerza que viene
de su soplo divino, me devuelve
nuevamente a la ruta que Él trazara
para mi destino, en cuyo final presiento,
la infinita paciencia de su espera.

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