Jesús, Jesús...

Al pronunciar su nombre sobre el ruido,
un silencio me invade. 

Al callarlo, el ruido me aturde. 

Al cantarlo,  un sonido de alas 
en el fondo, del espíritu que abandona 
el cuerpo del ruido.

Al encarnarlo en un soplo, 
un vórtice de luz perfila su gesto.
De manos que abren la vieira, 
para regalarme la perla,
cubierta de nácar.

La que fuera el tormento 
de un viejo pecado...

Jesús, Jesús...

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