El verdadero placer de Comer

Cocina, transformacion, equilibrio, subir una montaña de sabores a través de mil andamios de colores. Abrazo interior, entre hambre y satifacción. Antes la prueba de un paladar que no devora, que sabe esperar. Y luego alcanzar la cima de una suave digestión. Una rugosidad ocular, una miga en la pestaña. Comisura labial con grasita que el blanco lienzo de una servilleta bien doblada puede despejar.
Un gusto tu sonrisa compartiendo el instante de cada bocado...
Gracias a los suecos de un cocinero

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