En Lourdes
En Lourdes, entré tranquilo por el Boulevard de la Gruta que te lleva directo al santuario. Fue un día que no se decidía del todo por ser lluvioso o soleado, y terminó quedándose entre nubes traslúcidas. Mientras entraba desfilaban a mi alrededor grupos religiosos ataviados con colores brillantes, había un clima de fiesta y por los altavoces se reproducían cánticos e himnos solemnes.
Había una energía contagiosa, a pesar de la situación de muchos con las capacidades motoras disminuídas, que circulaban por doquier en sus sillas de ruedas, llevados por sus familiares o por voluntarios del Hospital de Lourdes.
Lo contagioso es la alegría y la esperanza, que se ha apropiado del lugar de una forma "milagrosa". Lo sentí al entrar, y cuando la emoción supera ciertos límites, la energía se me transforma en largas gotas lagrimales. Luego de derramar unas cuantas, recuperé el equilibrio y simplemente tuve la certeza, de que este lugar es un lugar para no olvidar jamás. GRACIAS.


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