Hoy 29 comienzo a transitar los 67...
Me acuerdo cuando era pendejo y jugábamos con mi hermano en el patio de los viejos, donde unos yuyos crecían despelotados en la tierra, y la ahuecábamos para hacer pistas y correr con los autitos a los que le poníamos de rueditas las tapitas marrones de los antibióticos de aquella época.
Y a los veinte cuando pateaba por la ruta 20 para comprar puchos a las dos de la madrugada, en pleno Julio, muerto de frío.
No tuve mucho arrastre con las minas, alguna que otra compañerita de curso, las que le gustaban a todos; y las que gustaban de todos. Bueno a mí también me tocaba, de vez en cuando, claro. En esas noches de frío la esperaba sentado queriendo seguir el hilo de lo que leía, y mi atención se dispersaba a cada rato, imaginando sus piernas que la traían sus piernas de mimbre, hasta mi ventana desde donde me susurraba: -Abrime.
Pasaron años y miles de cosas pasaron.
Y cuando recuerdo mi ciudad, siempre me detengo en uno. El de la hermosura de las Tipas añosas de la Cañada con su sombra escamoteada por los brillos del agua que desaguan en ella; por las que parecen levantar vuelo miles de palomas por entre las ramas.
Me ensordecen las voces desafinadas en las esquinas de los jóvenes que tiran sus años para entregarse a los vicios. Yo me salvé de eso, me bendijo una madre que me contuvo. En cambio me transforman los sonidos de la música que puedo encontrar en cualquier lado si la busco con el espíritu abierto.
Soy un romántico empedernido, que busca lo clásico para descubrir la regla y buscar si no hay otra mejor, siempre que sume, nunca que reste.
Mi sueño escribir un libro y ver mi nombre, su autor. Porque fuimos creados, en un 50 por ciento, el otro 50 lo tenemos que aportar nosotros. Estamos aquí para crear la mitad de Ser que nos falta. De esa otra mitad se debe encargar cada uno, y su realización legitima el mérito por lo logrado. Y es doblememte meritorio el dejársela escrita a álguien. A un lector sin nombre y apellido, un lector N.N., pero presente.
A veces sueño con tener mucho dinero, pero al despertar me descubro que en el día a día estirar lo que tengo para hacer lo que me propongo, es una gimnasia que me da placer, porque conecta y une todas mis partes dispersas.
¿Cuándo llegará ese último día? Pués que llegue todos los días para vivirlo como si fuese el último, sin sacar préstamos al futuro con altos intereses de ansiedad y altos costos administrativos de temores que postergan la acción inmediata.
Que ese día cargue en mis espaldas la concentración de toda una vida en un instante de tanta fuerza como una vibración interminable, que me cuesta imaginarla ahora...!!!
Hoy finalizan los 66 años y comiezan los 67, con una cosa bien en claro, hay algo que he venido callándome por no hallar las palabras para expresarla. Más o menos sería así: "...hay una habitación interior en mi corazón, que únicamente sólo yo sabe de sus ventanas, puertas y cerraduras; y que nada ni nadie podrá usurparla para ponerla al servicio de sus propias intenciones..."


Comentarios
Publicar un comentario