Programa de una vida


Descubrimos, al seguir su propuesta, y hacer como lo propone el budismo Zen que quienes siguen sus prácticas se concentran enfrentado a una pared con los ojos bien cerrados. Vimos que el presente se niega a sí mismo y entonces el tiempo pasa, no lo podemos detener, pero frente a ese tiempo que pasa, en esa concatenación de instantes que se mueren para que nazca el siguiente, si nos concentramos en atender eso, va creciendo la presencia de alguien que observa, y que lo hace desde un tiempo que no pasa. Ese que observa y que siente que el tiempo no le pasa, está adentrándose en su propio infinito, en un presente que no se niega a sí mismo, como rueda de un engranaje por cuyos dientes pasa y se destruye la masa de su conciencia presente.
El observador que observa como el presente se niega a sí mismo está en un tiempo que no se niega, pertenece a un tiempo infinito.
Valieron estas simples explicaciones de parte de Hundi y comprobarlas rápidamente con la experiencia para desde ahí no dejar de seguir sus pasos. Pasos que nos llevaron a las pirámides de Egipto en el Cairo, Estambul, la Isla de Pascua, Cancún, y a cada uno de los centenares de pueblos milenarios por donde pasa el Camino de Santiago de Compostela.

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