Una esfera en el vacío
Somos un recipiente lleno de memoria,
que no quiere despojarse de ella,
porque no hay un vaso para el vacío,
ni un concepto de la nada,
ni un lugar en el espíritu que conciba
al ser en su total ausencia.
La nada no existe sino empapada
siempre de recuerdos, aún de los peores
cuando ya no encuentra mejores.
Esa nada inimaginable, intolerable,
se llena de pasos hacia caminos insondables,
que cosechan toneladas de memoria.
Y mientras más grande es la colección
de hechos, risas, palabras, más lejana
es aquella nada que ni siquiera imaginamos.
Es nuestro impedimento, porque si pudiésemos
siquiera intuir su presencia envolvente
no dejaríamos de agradecer cada instante...
Y en vez de llenarla sólo con el pasado
lo haríamos con la vivencia de cada inhalación, de cada exhalación, y nos bastaría sólo eso.
Somos aquella esfera que le resbala la nada,
un intenso centro, como una estrella
dentro del firmamento entero, pero que no lo sabe.
¿Quién se anima a sentir debajo de sus pies
un espacio sin luz y sin tiempo?
...quién quisiera saberlo...


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