Mirar a Dios (19/07/20)
Dios está ahí
Tú estás?
Me hablo a mí mismo
Yo ¿Si estoy?
Sí
¿Pero cómo estás mirándolo?
Hay quizás, por el mismo acto de poder mirarlo un dejo de orgullo y vanidad.
Y justo en ese momento desaparece,
porque dejaste de mirar de la forma en la que debes mirar el Infinito Ser que te cobija.
No hay otra forma. Para poder mirarlo es necesario encontrar una pasmosa humildad, tan grande como la infinitud que su existencia supone. ¿Dificil, no?
Sí, es dificil porque el propio Yo se identifica a si mimo, siempre con algo de orgullo y vanidad. Y allí el alejamiento de la mirada correcta, y ya no puedes seguir mirándolo.
Conclusion, si para verlo es necesario observar su pasmosa grandeza, es necesario una humildad acorde con esa imnensidad, porque a quien en realidad voy a mirar es la humildad en sí misma, que trasciende el objeto de Ser Yo Mismo, que en su naturaleza esta nutrido por la soberbia.
Desde la soberbia, incluso en el reconocimiento de la habilidad de poder verlo, el alma se vuelve ciega a la presencia de Dios.
La Soberbia
¿Acaso la soberbia no es producto de la superación a las adversidades, en nuestra relación con el medio para adaptarnos? Gracias a ello formamos una habilidad ñ, la que puede llevarnos creer superiores a los demás y manifestarse con un sentimiento despectivo hacia ellos.
Cuando algo nos sale mal, podemos decir "me cago en Dios". No aceptamos nuestro error y se lo endilgamos a Dios.


Comentarios
Publicar un comentario