Pechuga de Gallina

El gigante se va a comer una Pechuga de gallina horneda a la sal en horno a leña (de quebracho colorado), con sal del Himalaya
La acompañó con Salsa Verde: perejil, ajo picado, jugo de limón y su rayadura, sal y aceite de Oliva.
Medio dormido me contó, cómo fue comerse la gallina. El me dijo complacido, reoantigándose en su sillón de madera: "Es como un viaje interior por alambiques color cobre hasta acceder al laboratorio alquímico de un Titán terraqueo cuyos aparentes ojos blancos, como el de los ciegos, se transforman.
Su cambio es a medida que su paladar recibe los gustos del bocado. La escena se transforma junto con sus ojos, en principio los de un ciego, luego, cuando el bocado llega a su estómago, aquellos ojos nieve adquieren la forma y la luz de constelaciones estelares. En sus dos concavidades oculares aparecen sendos universos cuyas estrellas lentamente cumplen la eterna rutina de sus órbitas sobre un fondo azul que conmueve por su absoluta inmóvilidad.
En ese instante sus párpados se cierran y se le dibuja una sonrisa. 
Junto con ello la invitación macabra de ser su postre..."

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