Culto a la Muerte
Mientras corrían estos pensamientos por mi mente y observaba la tumba de Cortázar, escuché el graznido desalentador de un cuervo arriba de mi cabeza sobre el añoso roble. No lo miré, pero parecía estar muy cerca.
Recordé el famoso cuento de Edgar Allan Poe, El Cuervo, en el que repite insistentemente: - “Nunca más”. Dos cortas palabras que en los cementerios tienen un significado unívoco, no hay posible doble interpretación. Es el nunca más perfecto, nunca más un paso atrás, nunca más a la vida, nunca más el regreso una vez que alguien partió al más allá. En ese "nunca más" hay una intención de un siempre, o mejor de un para siempre.
Y eso quieren transmitir los mármoles blancos de las lápidas, las placas de bronce, o las estatuas, cuyo tamaño está en relación con el tiempo que se les intenta
dar en la historia.
Al mes siguiente en las ruinas prehistóricas de Stonehenge, volví a encontrar muchos de ellos sobrevolando el lugar, a los cuervos. Stonehenge y sus enormes piedras circulares fueron un lugar de culto y a la vez un cementerio.
Y en las antípodas, en la Isla de Pascua, en el medio del oceáno pacífico, a 3500 kms de la costa chilena. En esa pequeña isla hay enormes Moais de 15 mts de altura. Semejantes moles fueron transportadas, del lugar donde fueron construídas y diseminadas por toda la isla. Semejante esfuerzo sólo para rendir culto a los muertos, o a la muerte. Las pirámides de Egipto, otro gran ejemplo.
Un irracional y sentinental acto de extender la vida sobre la muerte.
En el cementerio de Montparnasse frente a la tumba de Cortazar, frente a todo lo que ignoramos más allá de la esfera de lo que conocemos, me siento dentro de una pequeñez inmensa, dentro del vacilante corazón de un enano que se cree gigante.


Comentarios
Publicar un comentario