Jesús

Pies y manos puntiagudas de bondad.
Mirada franca hamacada en una sonrisa laxa.
Nube firme y suave, su pisada.
Sus caminos son surcos y sisuras
por direcciones inusuales
Su puerta entreabierta encontré,
siguiendo las sensaciones,
dejando de lado las imágenes.
Las más puras y elevadas rezando acrisolé,
hasta que el corazón dejó de latir,
para empezar a vibrar con esa, su etérea Paz.
No es simplemente su imágen la que me regala,
es un estado, que permanece detrás de cada latido.

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