Una dulce canción

Lloré, lloré, sustancialmente lloré.
Tanta sustancia lloré que imposible fue
detener el diluvial de mis ojos salir,
que sin verguenza no quise detener.

Así seguí, sin saber por donde ir,
hasta que encontré la dulce canción,
de mi corazón salir, que como llanto, cantó
la dulce melodía encerrada, al escapar.

Al fin voló, y en las nubes sus alas extendió
y pudo abrazar al ser humano y en su rostro besar,
y amar sin llorar, amar y reír, amar y sonreír.

Por esa dulce canción el corazón se abrió
y pudo hacerse conocer al entrar y salir
y en algunos corazones quedar, y en otros sólo pasar...
Hernando, 10/01/19

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