Te descubrí fuera de mi prisión

Te he seguido toda una vida,
y seguiré sin entender
porque te escondías,
y porque sin verte
yo siempre supe
de tu mirada espía.

Tú te dejaste ver
cuando en mi pecho
nació una flor
en el humus de mi perdón.

Perdoné a todos,
las noches de rencor,
y convertí el desierto
de mis bronquios
en un jardín,
lugar ameno, para sin prisa sentir.

Estuve ahí mirándote hasta morir,
no fue el fin,
volví a nacer
sin mi ceguera cruel.

Así descubrí el perfume
que entraba por tu nariz,
y en aquel mágico sentir
Te vi flotar en el jardin,
vi al fin tu rostro,
el que estuvo siempre
oculto tras el temor
hecho una triste canción...


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