Malena
Malena corría, hasta que su agitación le hacía detener el paso, pero nunca dejaba su apresuramiento. Al parecer huía, bajo una lluvia torrencial; caminaba a paso vivo, descalza con los hombros levantados, propios de quien no entiende sus circunstancias...
Llegó a mi puerta pidiendo socorro para poder desembarazarse del aguacero. Le abrí gustoso, no a ella sino a su belleza, la cual tuve que dejar de lado, porque me hice cargo de su estado y atiné a consolarla con un café.
Nunca me miró, y no paraba de llorar. Adverti en sus manos manchadas de sangre. Las tomé con las mías y se resistió al punto de salir corriendo por esa puerta, por la que en un instante había desaparecido.
El café derramado en el piso, mi mirada sobre el vano de la puerta, y un pregunta febril que aún me la hago. Qué habría sido de ella, a quien llamé Malena. Jamás supe nada de ella.
El cadáver de Juan fue encontrado en un suburbio de Buenos Aires, gracias a las indicaciones de la mujer que al entrar rompía una monotonía insoportable, en la que estaba sumida últimamente la comisaría de Espeleta


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