Preso de mis Imágenes
Preso de mis imágenes
"...Comienzo a llenarme otra vez de un sabor primigenio, después de la pesadilla recurrente. Aquella que me encuentra siempre en una calle sin salida, sin futuro. Me lleno otra vez de una ilusión que abre una ventana, que me salva de otro mal sueño.
Pero a poco de andar tras ella, de la ilusión vestida de rojo y con tacones, me he de dar cuenta irremediablemente, que estoy dejando de lado el dar pequeños pasos por la irresistible tentación de dar uno grande. ¿Y si lo doy y pierdo a ambos, los pequeños y el grande, y otra vez la pesadilla pero ahora convertida en cruel realidad?
No, dejo que siga con su pollera roja a lunares, ella quiso que la siguiese al ritmo de su estruendoso taconeo que venían de una forma inflada con aire simplemente, y que necesitaba aspirar mi oxígeno, para ahogarme, para dejarme sin nada de todo lo que su locuacidad pintada de labial rojo sangre, había prometido darme.
Se hizo de noche y el sueño está a punto de convertirse otra vez en la pesadilla de la encrucijada. Es necesario sacrificar uno de los dos, o la llegada triunfal de un mañana por la renuncia de un placer de ahora, o viceversa, el goce del instante por un mañana con un volver a empezar hasta juntar, otra vez las reservas, aquellas que la plenitud del instante me hicieron creer inagotables, cuando tontamente balbuceé frente a sus ojos, la palabra Siempre.
Alguien esperando, sentada cabizbaja, en un banco de plaza, pero no en una con fuentes por doquier llena de flores blancas. No, el banco siempre paralelo a las vías de tren, recibiendo pacientes pasajeros de un estación de ferrocarril. Metálica, fría y alargada hacia una línea de desencuentros o de encuentros, tras una larga espera, del traqueteo, de la incertidumbre...
Ella, sentada no miraba a nadie, y no sabía que yo con la imaginación de insomne que le estaba robando a mis sueños, la miraba entre bambalinas mentales e irreales. Sentí que el rabo de su ojo me presintió en un instante mágico. Me oculté debajo de las sábanas blancas, como cuando era niño y cerraba los ojos para que se prendiera detrás de ellos una luz destellante. Con ella apagaba la oscuridad amenazante del cuarto, y me dormía.
Estaba vez no pude hacerlo, ella no estaba afuera, estaba muy adentro mío, y a pesar de ello se escapaba de mis brazos...
Yo debía ser transparente, y ella la obra de una imaginación recurrente. Pero ese presentimiento que pude advertir en ella no vino de mi imaginación, procedía de su libre albedrío, de un ser con voluntad propia, capaz de despertar mis temores.
No quería creer, no lo quise hacer, el de pensar, que mi Yo era su obra. Que de tanto imaginarla había terminado siendo un esclavo de la espera de ese tren que siempre estaba a punto de llegar y que jamás lo hacía..."


Comentarios
Publicar un comentario