Atenea
Nariz en proa al futuro, ojos para iluminar la sombras y transparentes para verte el alma. Dentadura expuesta sincronizando con el brillo de los ojos y con una sonrisa incansable. Cabellos gruesos al óleo que protegen tus metas, las que no se dejan hasta que no se cumplan. Todo en su conjunto hacen un baluarte de la voluntad femenina, imposible de no dejar de hacerte sentar para el asombro y la contemplación...
Refulgente contorno de las formas, nada pálidas, nada escuetas, esculpen cada línea de tu rostro, desde la raya que divide los hemisferios de los óleos de tus cabellos, hasta el pálido cuello de mármol tan silencioso y ostentoso como una nube en las cumbres de una ciudad mística.
Ese es tu rostro, el que me persigue en los sueños visuales de las formas y los colores. Ese es tu rostro el que me persigue en las pesadillas cuando eres una franga ausente en el tacto de mis sentidos.
Me queda nada más que escribirte, Diosa Atenea, porque sé que no me llamarás, porque sé que estoy muerto, y que creo estar vivo sólo por tenerte en mi memoria.


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