Ser Bueno
Hernando, 24/08/19
Una bondad con miedo a ser buena.
Temerosa de perder por serlo,
y callándose contenida en su gesto duro.
Todos al verla endurecían el rostro,
creyéndose fuertes en su dureza,
y acorazados terminaban separados.
Mi bondad supo, un día que que era buena.
Cambió su rostro sin mirar hacia afuera.
Sin mirar los ojos que evitaban su mirada,
y de los gestos que desconfiaban, sin querer,
de la mano que se abría.
Los otros caminaron en círculo
y se enconcontraron
chocándose, lastimándose.
Nosotros con nuestra bondad a cuesta
seguimos sin separarnos desafiando la subida.
Mi bondad supo un día del tesoro que tenía.
Cada vez que lo abría encontraba el reloj sin tiempo.
Cada vez que sentía la imponderable bondad
entraba al cubo que no tenía ni techo, ni pisos ni paredes, porque la luz del centro los borraba.
Nada perdí con ella.
Acaricié con sus manos
la intuición de un todo, de un siempre,
que en cada acto de ser bueno,
descubría...


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