El cerebro: una ciudad inexpugnable
El camino verdadero
Un punto que se fue dividiendo a sí mismo, en puntos cada vez más pequeños que se expandían hacia adentro.Cada punto se componía de nanopuntos, y así infinitamente.
Allí estaba el Todo.
Había caminado rumbos equivocados, hacia puntos cada vez mayores y más alejados.
Acerté en el rumbo verdadero cuando desde puntos certeros de mi presente fui en dirección infinitesinal hacia los puntos allí contenidos.
Llegué hasta donde el movimiento se detiene
en un Siempre.
Allí ya no hay división posible.
Ese es el final del camino.
Y está adentro, contenido en los puntos visibles.
El inicio del camino verdadero
El comienzo estaba en mi cerebro cuando pude prescindir de las imágenes y, así, sólo sentir, como un tacto interno, como un cierto pulso sin luces ni colores, y acompañado de pequeñas dosis de calor y fricción.
Ese es un sendero iluminado por la luz de la conciencia, que con su atención se resiste a la tentación de dejarse llevar por la forma y el color de las imágenes.
Cuando focaliza en sensaciones transparentes, y concentra en sensaciones cada vez más finas y puras, los ojos caen, pues la mirada no parece que se asiente allí, en los ojos.
La cabeza se la siente como coronada por un círculo que concentra la energía hacia el centro. Recordé la aureola de los santos.
En la ciudad infinita
En ese estado de equilibrio y paz, aparece una ciudad rodeada de murallas inexpugnables, sin divisiones posibles y sin tiempo relativo a circunstancias.
Esa ciudad está en nuestro cerebro. Pero la ciudad es una imagen más, que traduce de manera fiel lo que se siente en el centro de la cabeza.
Allí reina la paz Absoluta. Sus murallas al comienzo son inexpugnables, se defiende por medio de la hipnosis de imágenes seductoras que nos esclavizan a circunstancias relativas y nos impone en la dirección de la derivación.
El cruce de dos coordenadas sirven de referencia; primero, el enfoque en puntos cada vez más pequeños contenidos en los primeros. Segundo, en sentir el siempre como imposibilidad de seguir diviendo el enfoque en puntos.
La forma de traspasar la muralla es a través del dominio de la atención que focalizando en las sensaciones mismas del cerebro va permitiendo que en la muralla aparezcan puertas.
Así se descubre que el reino de los cielos, no está allá lejos y afuera. Estuvo siempre adentro, en nuestro cerebro.
GRACIAS
02/03/2020


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