Me drogo con palabras
Me drogo con palabras y con dolor redondeo sus aristas, hasta hacerla casi perfecta.
Y no son cualquier palabra, como aquellas que acompañan un grito para ser escuchadas, son las que no resisten el silencio y no soportan el ruido, porque son como latidos, música desde un retiro en un lugar ameno, no desde un centro….
Me drogo con palabras y cada vez necesito una dosis mayor de dulzura, de verdad o de esperanza; porque cada vez me acerco al dolor más hondo, al mayor de los silencios,
o al mayor edificio de incomprensión como son el amor o la muerte…
Y temiendo lo peor, el ser uno más de los sin-voz, es que me sujeto desesperado
a las palabras más bellas pero no menos verdaderas como crisantemo,
o verbena.
Y al pronunciarlas creo escuchar en el fondo una música eterna que sube por las piernas como un escalofrío, hasta la tibieza de un hallazgo o de una caricia...
Me drogo con poesía…y en la dimensión del hallazgo, miles de puertas, o de palabras abiertas, se multiplican en una galería sin espejismos.
Atrás los sordos laberintos. Ahora sobre alfombras de seda encuentro la lira con alas o con pensamientos, en un canto nuevo atado a la vida.
La poetizo diciendo, eco o estruendo,
jamás silencio.


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