Las pupilas negras que esperan
El silencio que nos une, en el único vacío,
aún tierno, de la comisura de tus labios,
que se corresponde con la concavidad de tus manos, recogiendo la lluvia del trémulo tejado,
bajo el cual te veo como la mujer aquella, que, a lo lejos, corre sobre la calle mojada, para entrar
en mis pupilas negras,
Yo que desde ahora
te espero...
Yo...
Silencio húmedo arrastrado por la gravedad de la cueva, en donde cada oquedad se transforma en alegría, la que proviene imaginando pájaros que sobrevuelan las nubes doradas.
Hoy es la felicidad de un día. El descubrir en la última tristeza, tras el velo, una risa contenida, porque en la herida de la lanza no hay dolor
si descubro en sus aristas, la luz que la guía,
que por alguna razón desconocida ocultó su luz, al latir en cada segundo de mi alegría...
Hernando, dedicado a Adriana(5/2/21)


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