Despertar: ver lo que es y lo que no es como lo mismo.

Yo no soy mi cuerpo, pero soy quien lo mira y lo siente más de cerca y por más tiempo.
Más allá de límite de las cosas se esconde un universo indescifrable pero cierto.
Más acá del límite de mis sensaciones más cercanas sucede el mismo desconocimiento.
No puedo, entonces, SER aquello que desconozco; no soy el que está más allá o más acá de las fronteras.
Tampoco soy lo que miro y palpo, porque la mirada está detrás de cada una de las cosas.
Soy el que ve en la esfera del más allá y del más acá, todo lo que no soy.
Y ante la ansiedad de tener una arista visible, un ángulo asible, no se tiene más remedio que el identificarse con las cosas que se ven. Y sufre cuando la forma con la que se identifica se mueve, muta, cambia; en contraposición con la naturaleza inamovible del que no tiene forma, del que mira, del que soy, que nunca cambia.
Si nos permitimos ser aquello que no tiene ninguna forma, no nos permitiremos identificarnos con lo visible, asible y mesurable. Si aletea el espíritu en esa mirada que viene desde el vacío de las formas, y que no se engaña en confundirse con ninguna forma, entonces la posesión dejará de actuar como mecanismo perverso de la conciencia sobre las cosas y los otros seres.
Si no llega a identificarse con ninguna forma asible, y en cambio se identifica a sí misma como una forma vacía, sin forma, o una no-forma, es porque resiste a la tentación de identificarse a la forma, para luego intentar poseerla. Desde ahí se experimenta sufrimiento, se sufre y se hace sufrir a los demás. Se instaura en el espacio la violencia de la identificación y la posesión.
El despertar es encontrar en la mirada al ser que mira, al ser inmutable, al que permanece Uno frente  al constante transcurrir del tiempo que está sincronizado con un espacio lleno de la variedad permanente de las cosas.
Ese es el que soy, el que está en el límite de la esfera, en donde no hay forma, ni color, ni extención frente a la forma, el color y la extensión, pero sin identificarse con ella, y consciente de sí misma en ser el punto desde el cual se mira. Ese punto es inasible, no tiene forma, y permanece independiente de ella. Esa no-forma es el ser que está en todo.
Despertar es ser conscientes de la no-forma como punto de vista de las cosas y de uno mismo. Es ver una doble y necesaria existencia, la de las cosas que son y de las que no son, en un mismo ámbito necesario de existencia. Ser conscientes del ángulo vacío desde el cual se observan las cosas y uno mismo, es ver y lo que es y no es, como lo mismo.

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