Aquel color

Los pasos avanzan
los vehículos regresan
La carretera sometida, poseída,
la libero, la exorcizo, son mis pasos,
sus demonios.
Mientras las piernas me enceran el alma,
las ruedas giran al son del zumbido.
Una mirada duerme frente a una chimenea.
Los leños se consumen y el calor fue.
Ahora es mío y sube.
Me tienta otra vez el laberinto.
Sus espejismos son ráfagas.
El arco y la flecha,
hacia ningún blanco.
La tensión, sólo ella,
hasta florecer. Sus pétalos se abren
al rócio esperando el aleteo.
-¿Vendrá? - Susurra la hiedra entre
luciérnagas insomnes.
No aleteaba, era la brisa de las
estrellas jugando a las escondindas
con mi almohada. Tal vez fue, es o será
un sueño incompleto por una nueva
y molesta fragmentación del tiempo.
Hasta que todo vuelve a su unión,
en aquel color sobre sus hombros...

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