El Peregrino
Representar el mundo dentro de la minúscula sombra de una piedra en la arena. Suaves acantilados contra los que los cuernos de las olas se deshacen y explotan. Firmes pinceles curvos de un mar horizontal que doblan las gaviotas. Manos arriba, luego abajo, recuperan la arena fina de entre los dedos, mientras miradas furtivas siguen los pasos del peregrino.
Aquel encapuchado que camina sobre un tiempo donde los pinceles no curvan gaviotas sino sonrisas. Esqueleto que se sostiene en una vara recta. Monje negro con el alma blanca. Sandalias que duelen y añoran los pies de bebé besados por su madre. Luces que traspasan óleos, techumbres con campanarios. Mármoles gastados por las huellas de los años. Vidrios congelados por el calor de la fe. Senderos que rompen alambrados y cercos, piernas que trabajan para construir la cima y destruirlas en un valle. Nieblas viajeras de origen ignoto nos visten de un sueño dorado: caminar hasta donde comienza el cielo, donde empieza el vuelo, y convertir el hábito color marrón en alas que se enfrenta a la gravefuerza del centro...Todo esto es soñar con el cuerpo cuando se azotan los caminos con la vara del Peregrino...


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