Mujer
Tu cabello negro abundante
busca entre mis dedos un tesoro,
pelo de finas serpientes enroscadas
en mis falanges comiéndose las
predicciones, cual Pitonisa de Delfos
me has convertido en tu oráculo.
Y sube como catarata de aguapeces
la cuesta de tu cuello, mi deseo
que viene escapando de la muerte
y resbala en tu piel diamantina,
la esperanza de abrazarte.
Reniego de las anticipaciónes de lo que
sucederá mañana. Quiero tu diamante hoy!
Tesoro encofrado en las paredes de tu cerebro,
huelo tu presencia, potente tu perfume,
que exhala extraños los pensamientos
masticados por las perlas que usas como dientes.
La finura de una mujer que el hombre sólo sueña, vuelve a nacer por entre las vestiduras
por los que asoman inocentes los dedos blancos de tus pies
Murió la hechicera nació una mujer,
el mañana no existió nunca,
en tu corazón sólo vive el hoy,
al que como palacio de cristal que late
en los límites de tu piel,
entro lentamente y desnudo...


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