Sin Pan y sin Rodilleras
Recuerdo cuando caminaba como me crujían las rodillas y luego, como lentamente iba avanzado un dolor punzante.
Las rodilleras me ayudaban a sostener el sobrepeso, que las rodillas por sí solas no podían hacerlo.
No podía salir a hacer grandes recorridos sin ellas. Estas dos últimas caminatas las hice sin escuchar como crujían y luego sentir como dolían.
Hoy me di cuenta de ello, y agradezco las consecuencias positivas de caminar con 74 kilos cuando antes lo hacía con 94.
Y también me dolían con 84.
Y todo gracias a haber sepultado en forma definitiva el PAN.


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