Mi Laberinto
Este escrito será una descripción de mi laberinto. Creo que todos
deambulamos en uno. Todos se asemejan por nuestra condición de seres humanos,
pero no se trata de comparar para extraer de ellos características comunes, y
de allí caer en una suerte de clasificación, odiosa, por cierto, ya que
establecerá un criterio de escalas de lo malo a lo bueno, ¡horrible! El
laberinto de cada cual no puede compararse. Es único e irrepetible, por lo
tanto, no es comparable. Cualquier comparación siempre obedecerá a un criterio
ya establecido de antemano por quien lo hace, y responderá al interés personal
de quien clasifica. Totalmente subjetivo.
Es muy difícil apartarse de la subjetividad, estamos en inmersos
en ella, como en un laberinto, con el mandato de encontrar la salida, lo cual
nos puede llevar toda una vida. Por algún motivo, inexplicable por cierto
intuimos que hay una salida. Soñar tiene que ver con esta práctica diaria de intuir una
puerta que nos abrirá a la luz que hemos soñado siempre. La tan mentada
Felicidad parece estar de ese otro lado, después de esa abertura inimaginable que
otorga el acceso al lugar que se definiría de una sola manera: “estar fuera del
laberinto”. Con los pies sobre su techumbre desgastada de tantos pensamientos
no fértiles y acompañada de tensiones físicas que han anudado la espalda como lo
haría un estrecho corset, con el riesgo cierto de convertirse siempre en una
ceñida camisa de fuerza, y como anticipándose a ese riesgo, se termina apostando
con el alma el cumplimiento de deseos inútiles.
Un laberinto sombrío, como un túnel, alfombrado de temores
inciertos. A diferencia de que no seguirá un trazado en línea recta, sino que
sus líneas estarán llenas de esquinas que se aparecerán como nunca vistas, cuando
en realidad son siempre las mismas que se repiten indefinidamente…con otros
colores, con otras vestiduras circunstanciales…


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