RETRATO
Me acuerdo cuando era pendejo en el patio de los viejos, donde unos yuyos crecían despelotados en la tierra, y la ahuecábamos para hacer pistas para correr con los autitos con las tapitas marrones de los antibióticos; y a los veinte cuando pateaba por la ruta 20 para comprar puchos a las dos de la madrugada, en pleno Julio, muerto de frío.
No tuve mucho arrastre con las minas, alguna que otra compañerita de curso, las que le gustaban todos, bueno a mí también me tocaba, de vez en cuando, claro.
Por mis venas ¿qué corre? Sangre, pero los muchachos me cargaban, porque me decían que era necesario rebajarla con soda. Pero ellos mentían, siempre fui más bueno que el pan y no me hizo falta ningún vino para serlo.
Adoro la hermosura de esa tipas añosas de la Cañada con su sombra escamoteada por los brillos que desaguan en ella. Que al llegar son oscuros, pero la arboleda los levanta en vuelo por entre las ramas, como palomitas blancas.
Me ensordecen las voces desafinadas en las esquinas de los jóvenes que tiran sus años por entregarse a los vicios. Yo me salvé de eso, me bendijo una madre que me contuvo. En cambio me transforman los sonidos de la música que llega por doquier si se tiene el espíritu abierto.
Soy un romántico empedernido, que busca lo clásico para descubrir la regla y buscar si no hay otra mejor, siempre que sume, nunca que reste.
Siempre trato de encontrarme sintiendo el amor que perdemos imaginando cosas vanas, las que nos hacen creer que eso es sentir realmente. Mienten y nos dejamos seducir por ellas, son calles sin salida, y nos ahuecan por dentro.
Mi sueño escribir un libro y ver mi nombre, su autor. Porque fuimos creados, en un 50 por ciento, el otro 50 lo tenemos que aportar nosotros. Estamos aquí para crear la mitad de Ser que nos falta. De esa mitad me corresponde ser el autor y dejársela escrita a álguien, sin nombre y apellido, porque no tiene nada que devolverme.
A veces sueño con tener mucho dinero, pero al despertar me descubro que en el día a día estirar lo que tengo para hacer lo que me propongo, es una gimnasia que me da placer, porque conecta y une todas mis partes dispersas.
¿Cuándo llegará ese último día? Pués que llegue todos los días y vivirlos como si fuesen el último sin sacar préstamos al futuro con altos intereses de ansiedad y altos costos administrativos por los temores que postergan de una acción inmediata.
Que ese día cargue en mis espaldas la concentración de toda una vida en un instante de tanta fuerza como una vibración interminable, que me cuesta pero la imagino ahora..!!!


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