El viaje esperado


Y empiezo el viaje esperado
con los pies por ahora quietos
pero con el corazón en efervescencia
por la mente viajando al centro.

Me siento sobre mí mismo
y me ausento de los mecanismos
de la memoria recurrente.

Mi cerebro siempre en silencio
anestesiado de sí mismo,
asume el bombardeo constante
de representaciones fugaces.

El cerebro es como una copa ausente
pero que atrae en su negatividad vacía
los colores, las formas y los nombres.

Si puedo deshacerme de todo ello
esa copa saca alas y vuela en un espacio
que es como el de las estrellas, 
y viajo en el ónix negro de mis espejos.

Mis pies han desaparecido, ya sin pasos
ni huellas. Todo el cuerpo se dispone
a soltar la mente de sus límites,
y viaja  mi mente sin formas ni colores,
por el ónix negro de mis espejos interiores...

El tiempo se pierde como el espacio
medido por el hombre y las convenciones.
En ese espacio sin bordes la libertad es rara
porque siempre estuvo allí, imperceptible,
a pesar de las cadenas.

Es un reloj de latidos, y entre ellos
hay coronas de flores blancas
que llenanando esa copa vacía.

Y el viaje se amplia, se hincha, se estira,
se nutre, se corona, se extiende en horas
que no terminan...

Despojarse de Todas las cosas,
para saber Todo lo que hay,  hubo, 
y habrá detrás de ellas.




Hernando 26/01/2017

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