Navegante

La tormenta avanzó con sus nubarrones  y fue borrando sin darnos cuenta el horizonte y la bóveda celeste se transformó en una olla dada vuelta sobre nuestras cabezas, acostumbradas a pensar en seco.
Sin que el agua se escurra por el cuello y luego por todo el cuerpo, pero el oxígeno apareció por los rincones, antes calcinados por el fuego de una tarde más de un verano interminable. 
No nos importó la mojadura a cambio del oxígeno fresco y de la nostalgia de estar frente al mar recibiendo su brisa fresca, donde se elevan los pelícanos con peces en su picos, donde navegan veleros como si lo hicieran solos sin navegantes a la vista, donde la maravilla del mar calmo simula el vuelo de las golondrinas cuando van de regreso al hemisferio opuesto....

Los navegantes recibían un perfume por la ventana abierta al mar por donde su brisa apaga las sombras. No sabían si lo estaban recordando o si era percibido por sus sentidos. La mente perdía sus límites y se mezclaba con la realidad circundante . Allá las olas llegaban y llegaban; y aquí las blancas paredes de techos azules les protegía el sueño...ya no hay pesadillas de las profundidades, ni búsquedas de los pobres pies que han caminando tanto. Aquí sólo puedes observar como el alma descansa.

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