El ciprés milenario (6.10.17)
Su dedo, el de Dios
nos señala el cielo,
desde lo profundo,
donde se guardan las
mil noches de la muerte,
donde la luz del sol se ignora,
donde habitan los seres
con piel de fantasmas.
Su inmensa flecha verde
señala a los hombres
su futura piel,
no ya de fantasmas
sino de ángeles...
Si pudiesen imitar
la labor de los concéntricos
círculos, a través de los siglos.


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