La experiencia de un hospitalero

En un albergue sobre el camino de Santiago, como Hospitalero, anotando los nombres de los peregrinos, asignándoles una cama. Informándoles sobre los servicios sanitarios y los horarios.
El vacío de los que han partido, de los que llenaron por una noche el molde de cada litera. 
En donde las almohadas fueron acomodadas para acomodar los problemas de cada día con las soluciones del mañana.
De cada dolor con una recuperación ansiada. Y en cada rostro, después de soñar por las noches; una mirada, con un gracias impagable con el que se despiden. 
Así cada día, con rostros diferentes pero a la vez iguales...
Así queda el albergue, como molde vacío 
a la espera de ser llenado con la fatiga del grupo de cada día.

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