Un cambio de dirección, una bifurcación

Empezar
romper una quietud
silencio inerte
en lucha con un ruido
creeemos terminar
cuando en realidad regresamos.

Creemos que vamos
y en realidad volvemos
al lugar de siempre
que el empezar nos hace olvidar.
Y nos pone una meta allá, adelante,
inalcanzable, desgarrante, inesencial.

Queremos completar la mitad faltante,
la que nos es tal, 
la que es sólo ilusión inquietante,
y que arruina nuestra mitad actual y real.

Ese pequeño ser incompleto que me envuelve,
con sus ventosas  adheridas al ahora
avisora un sendero diferente.

Poner los fines y las metas adentro
del capullo. Todavía sin hacer, sin cumplirlas,
sin haber llegado aún, y faltándome mucho todavía para llegar,
poder sentir que mi mitad actual está completa, aún cuando me falta mucho por llegar, porque el fin no lo siento fuera de mí, está aquí adentro, en mi ser.

Y ahí, empiezo a regresar, a mi esencia que camina sin dejar de ser completa, con lo que es, y con lo que no es aún.

Me muevo, sin inquietud, mi mente reposa. Porque ahí, ya logré la unidad.
Mientras camino, mi mente descansa...
No hay nada inalcanzable ya.
Y empiezo a sumar corpúsculos al átomo inicial.
La concentración, la gravedad del centro empieza a operar en contra de la desgarrante derivación.
Un cambio de dirección, una bifurcación...

Y de esa manera...

poder llegar.

Oh! He ahí la felicidad...


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